Eficiencia energética, Sostenibilidad y Gestión Medioambiental, algo que no nos viene de ahora

Muchas veces entramos en el juego de la pregunta sobre cuál es el mayor invento de todos los tiempos y entre las posibles respuestas, nos saldría una lista interminable de grandísimos proyectos, pero para no ir tan lejos, quizás deberíamos mirar a un lado y ver que solo hay uno en especial que los haga mover a todos: la energía eléctrica.

Si nos remontamos al pasado, ya desde el año 600 AdeC, los griegos empezaron a experimentar con proyectos de magnetismo, dando así origen a lo que conocemos hoy como electricidad estática, muchos años después, en 1752, Benjamin Franklin probó mediante su experimento de la cometa, que los rayos provenientes de las tormentas eran electricidad en la naturaleza, ya finalizando el siglo XIX, Thomas Alba Edison comenzó a poner en marcha experimentos basados en energía eléctrica mediante corriente continua, hasta que unos años después, Nikola Tesla, luego de estar trabajando y perfeccionando muchos de los experimentos que habían puesto en marcha decide separarse de él para proseguir con nuevos y grandes proyectos, entre los cuales estaría la revolución del mercado energético con la puesta en marcha de la transmisión de energía en modo alterno, una formula mucho más eficiente y económica.

Desde entonces, el desarrollo del mercado de la electricidad cambió por completo y no es hasta finales del siglo XX, cuando a su vez, los países comienzan a tomar una posición más activa respecto del modelo de consumo energético y la adopción de medidas que afectaban directamente la sostenibilidad del entorno, no solo a nivel empresa sino de forma global y conseguir ser más respetuosos con el medio ambiente, es por esta razón que a finales de los 90s, más de 187 países firma el Protocolo de Kioto.

Ya en ese entonces y sin que se hubiese firmado ningún protocolo o acción en beneficio del medio ambiente, algunas empresas comenzaron a tener mayor conciencia del uso racional y eficiente de los recursos naturales, no solo por mantener un proyecto de empresa y entorno más sostenible, sino por el coste que suponía no tener un estricto control sobre ello e incluso por el coste de oportunidad de no tomar medidas oportunas desde un principio.

Ya en el siglo XXI y expuestos de forma directa a los efectos de la reciente crisis económica, una gran mayoría de empresas, en todo el mundo, fueron conscientes, casi que por obligación o simplemente por implantar modelos productivos más eficientes, de generar un cambio radical en sus modelos de consumo y de su gestión estratégica y es cuando se adopta y se acuña más radicalmente, en todos los sectores económicos, el concepto de eficiencia energética y sostenibilidad para dar paso a un entorno más amigable y que cumpliese con uno de los principios de la Responsabilidad Social Corporativa.

 

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Hoy en día, no se concibe ningún proyecto que no lleve el sello de la eficiencia en su ADN y en este sentido, los Facility Managers, en todo tipo de organizaciones y en todo el mundo, están en la obligación de velar porque se haga de esta forma, que su gestión sea la más estratégica posible ya que se ha convertido en una prioridad y política organizacional, que además de controlar sus costes esté alineada con la estrategia de cada empresa y se adapte a la cultura de cualquier organización.

Nuestro entorno está cambiando por completo, en el mundo empresarial los procesos productivos y de gestión han cambiado, a mejor por supuesto, la arquitectura e ingeniería ha dado un giro sustancial a su visión de diseño y construcción, con el fin de que, además de construir, los inmueble sean inteligentes, ergonómicos, gestionables de una forma más eficiente y además, que ofrezcan un mayor beneficio a las personas que hacen uso de ellos, ya no es solo un inmueble o un activo, es un componente más del nuevo modelo de ciudad que poco a poco se están desarrollando de cara a ser más sostenibles, ofrecer a los ciudadanos muchos más y mejores servicios, estar mejor conectados y ser más respetuosos con el medio que los rodea, en últimas, lo que conocemos a día de hoy como las Smart Cities.

Luego del protocolo de Kioto, que entró en vigor a principios de este siglo, ha habido muchos intentos por generar nuevos cambios en función de ganar en calidad medioambiental y se generen procesos de economía circular, que los modelos de consumo, en concreto el energético, sea lo más controlado posible y es ahora cuando se han ratificado dichos acuerdos con la firma de la convención de París, para muchos, algo conflictivos y poco realistas de cara a cumplir las metas previstas 2020 y 2030, pero con un objetivo claro: garantizar que se cumplen unos mínimos para no sacrificar más nuestro planeta.

Los profesionales del sector, consideran clave trabajar, teniendo en cuenta los siguientes criterios:

  • Una actuación sin coste que facilite actuar sobre la demanda.
  • Que los ahorros conseguidos se repercutan en beneficio de los usuarios.
  • Mayor formación sobre el uso y disfrute del activo.
  • Uso total de energías renovables en 2050.
  • Que los proveedores formen parte de las campañas de concienciación.
  • Comparar consumos con referencias cotidianas.
  • Campañas de información a los usuarios del coste del derroche de recursos y energía. La factura en la sombra
  • Involucrar a la dirección en todos estos proyectos ya que, si la directriz viene desde arriba, es mucho más fácil hacerla cumplir.
  • Adopción de buenas prácticas de otras organizaciones en la operativa diaria y luego de su correcto funcionamiento, incluirlas en los procesos internos.

 

Ahora mismo, por lo menos en nuestro país, la estrategia de operación y mantenimiento de inmuebles y activos físicos, integra por completo la operativa de eficiencia energética y sostenibilidad, sus procesos cada vez son más estrictos y diseñados para incidir en todo su ciclo de vida, teniendo muy en cuenta la analítica de consumos y reposición de instalaciones y equipos que dejan de ser eficientes en el tiempo y entre tanto, la adopción y uso de tecnología que cada vez es más influyente y necesaria para que las actividades de inspección y control sean cada vez más acertadas y en tiempo real, todo en beneficio de las empresas, las ciudades y por consiguiente de nuestro entorno y el planeta que cada vez necesita más de nuestras buenas acciones.

 

Hernando Gutierrez Angel
Gerente
IFMA España

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