Entrar al Diseño para Favorecer la Limpieza en las Oficinas


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Cuando se piensa en la limpieza de las oficinas, lo primero que viene a la mente es un batallón de personas con productos de limpieza y aspiradoras trabajando.

Sin embargo, si queremos llegar a que las oficinas estén limpias, hay más factores que participan de ello:

  1. El comportamiento de los usuarios de las oficinas:
    1. Si las personas son cuidadosas, será posible alcanzar la limpieza del espacio, pero si no lo son, o llegan a ser descuidadas con la conservación de la oficina, todo será mucho más difícil.
  2. El Servicio de Limpieza en sí:
    1. La definición, el dimensionado y el control de calidad del servicio han de ser suficientes para garantizar que se alcanza el nivel de limpieza requerido.
      1. Conviene centrarse en el resultado, más que en los medios.
    2. Los materiales de la oficina:
      1. Hay materiales más fáciles de limpiar, y otros que son más difíciles.
      2. Utilizar los materiales adecuados para cada espacio es muy importante, y mantener la limpieza en mente, realmente útil para conseguir que el espacio llegue a estar limpio.
    3. El diseño:
      1. Un diseño que no piensa en la limpieza la puede dificultar tanto que la haga incluso imposible de conseguir.

Nos vamos a centrar, en esta ocasión, en el punto 4), si bien está tan unido al punto 3) que se pueden considerar inseparables.

La limpieza en mente cuando se diseña el espacio de trabajo.

Los espacios de trabajo se viven, se usan, y se han de mantener.

Mantener un espacio no consiste solo en atender a la maquinaria, sino al espacio en sí, y en este caso, hablamos de mantener el espacio lo más limpio y saludable que sea posible.

Quien diseña ha de tener esto en mente.

Los buenos profesionales entienden que el diseño y el mantenimiento no son mundos distintos.

El pensamiento tradicional del Diseño como “yo lo hago que quede bonito, y luego ya que se busque la vida quien tenga que limpiarlo”, ya no es aceptable.

La limpieza sí es problema de quien diseña.

Es algo que se hace más patente cuando el diseño lo que hace es dificultar la limpieza.

Puede quedar bien para una fotografía en una revista, porque ahí no se aprecia la suciedad, pero cuando se llega al espacio en vivo, la percepción es mucho peor.

De hecho, un espacio “bonito” lleno de suciedad da una peor imagen que un espacio “con menos carga de diseño (diseño mal entendido, por cierto)”, pero bien mantenido.

Cuando se generan las formas del espacio, quien diseña ha de preguntarse cómo se va a poder limpiar.

Y esto no solo significa que sea posible hacerlo, sino que sea fácil y que se pueda hacer frecuentemente.

Si es técnicamente posible, pero supone tener que montar un andamiaje especial, o se tiene que cerrar al paso el espacio mientras se ensamblan los medios auxiliares, o grúas, o hay que desmontar partes de la oficina para limpiarlas y luego volver a montarlas…

… pues sí, técnicamente es posible limpiar, pero la dificultad (y el coste) es tan alta que se limpiará de vez en cuando, si acaso: no es un buen diseño, por espectacular que quede su apariencia en una foto el primer día.

Ángulos, desplomes, celosías, múltiples capas, grandes alturas…

A veces, el diseño del espacio entorpece y dificulta mucho su limpieza, y hay algunas causas más frecuentes que otras.

Si se generan ángulos en planta, o desplomes (ángulos en sección) que impicen que una fregona o una aspiradora alcancen todos los lugares que se han de limpiar, se generan encuentros y rincones en los que se acumula la suciedad, y no puede culparse al servicio de limpieza.

Otro tanto ocurre cuando se generan elementos generalmente en techos y paramentos verticales, formados a base de múltiples capas, de tal manera que las más exteriores dejan ver las interiores, pero no permiten entrar con los útiles de limpieza.

Es el caso de las celosías que se superponen a las paredes, que acaban siendo depósitos de suciedad, o muchos revestimientos acústicos (no todos, por supuesto) que están llenos de orificios para reducir la reverberación pero a veces esos orificios no se pueden limpiar, y mucho menos, desinfectar.

En las recepciones de los edificios lo más habitual es encontrar algunos elementos en los techos, grandes alturas, a los que no se alcanza con útiles normales de limpieza.

Es lo que decíamos antes, son técnicamente limpiables, pero hay que montar un andamiaje, o una plataforma, o una grúa en el interior de la recepción, y es tanto el trastorno que acaban por quedarse sin limpiar, sea por excesivo coste o por lo que estorba la limpieza al uso diario del edificio.

Existen espacios con una alta carga de diseño, que se pueden mantener perfectamente.

Por ejemplo, si se diseña una sala con forma de “ameba”, puede ser imposible de limpiar si se generan recovecos inalcanzables, o puede ser un espacio muy fácil de limpiar si las curvas de las paredes favorecen la limpieza (algunas formas curvas favorecen la limpieza, como ocurre con los encuentros curvos de los suelos con las paredes en los aseos y cocinas, más fáciles de limpiar que los encuentros rectos a 90º).

Reinventar la rueda o comprar una que sea redonda.

En el mercado hay muchos productos testados.

Muchos.

Hay diseñadores y diseñadoras que piensan que su nivel como artistas se marca por decir que no les vale nada que esté fabricado en serie.

Estos diseñadores y diseñadoras intentan reinventar la rueda, y en muchas ocasiones (muchas, pero muchas) el resultado de su diseño es mucho peor que el de elementos que se pueden comprar en el mercado, y que están probados y certificados.

Es algo especialmente relevante, en términos de limpieza, en los aseos y las cocinas.

No cuesta mucho encontrar aseos de edificios y oficinas con lavabos de formas “originales”, que realmente son formas inadecuadas para un lavabo.

No es que a ningún fabricante del mundo de los sanitarios no se le haya ocurrido que el lavabo pudiera tener esa forma, es que la desecharon por inadecuada.

Hay lavabos “de diseño” en los que, según te estás lavando las manos, estás tocando el fondo (porque es insuficiente), y a la par hay tantas salpicaduras que tanto la ropa del usuario como la encimera y el suelo del aseo se llenan gotas de agua sucia, simplemente porque está mal diseñado.

Otro tanto ocurre con los fregaderos de las cocinas.

Existen muchos modelos de muchos fabricantes en el mercado, que prueban y comprueban sus productos mucho más de lo que un diseñador o una diseñadora pueda dibujar como ocurrencia para tu oficina: la rueda está inventada, y si quieres ser original y ponerla picos o bultos, no rueda bien (es una rueda que probablemente te parezca original porque no la tiene nadie más que tú, pero es por algo: porque no funciona).

Esto, unido a que se utilicen materiales porosos, estriados, o materiales que no resisten la acción química de los productos de limpieza y desinfección, hace que los diseños puedan dificultar mucho la limpieza.

Conclusión.

Si analizas por qué tu oficina no está todo lo limpia y desinfectada que quieres, puede que te encuentres con que es el diseño de algunas partes el causante.

Te merece la pena resolverlo desde el punto de vista del diseño, y hacer que sea compatible con tu servicio de limpieza.

Eduardo Arazola Martínez

Consultor de Espacios de Trabajo.

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