Si gestionamos bien, no deberíamos hablar de “eficiencia” energética

Desde hace unos cuantos años, venimos acuñando en nuestro mensaje de gestión como Facility Managers, el tema de la Eficiencia Energética y la Sostenibilidad, pero, y si esto hace parte de nuestra actividad de gestión estratégica y de aportación de valor hacia la organización, porque tenemos que hacer apología a la eficiencia ahora, ¿es que antes no lo hacíamos?. Quizás todo esto viene dado, a raíz de la pasada crisis económica que levantó la manta de muchas acciones, que en principio deberían haber estado bien gestionadas por los Facility Managers, incluso por la misma dirección financiara y la dirección general de las empresas, teniendo en cuenta que es un aspecto que toca transversalmente a toda la actividad de las empresas y que su impacto en la cuenta de resultados es directo.

Ya en este punto, no vamos a echarnos las manos a la cabeza, lamentarnos de lo que no se ha hecho o se podría haber hecho mejor, mirar hacia atrás siempre es más fácil, ahora lo importante es mirar hacia adelante y ver como lo podemos hacer mejor. Tampoco vamos a echarle la culpa a nadie y que si las eléctricas, que si el gobierno, que si los impuestos; tropezar en esta piedra y no querer ver la paja en el ojo propio puede hacer que sigamos tropezando y tropezando. Debemos tener en cuenta que en adelante, el consumo energético deberá hacerse de la forma más eficiente, sin disminuir la calidad del servicio y en lo posible, ahorrando costes.

Está claro que el tema de la gestión energética y la sostenibilidad son actividades que cada vez más, las empresas comienzan a delegar de forma directa en el departamento de Facility Management, dependiendo del tamaño de las organizaciones, esta actividad puede tener un impacto más o menos considerable, eso si, como cualquier otra actividad, debe estar integrada en el modelo de gestión integral, con el fin de que puedan encontrarse sinergias en los procedimientos de trabajo y desarrollarse de una forma más diligente y alineándose con la estrategia de la organización.

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Para hablar de eficiencia, el modelo de gestión energética y de sostenibilidad debe estar entonces bien definido e integrarse en los procedimientos de trabajo en donde se detallen los condicionantes y necesidades de la organización para dimensionar su actividad, que se tengan claros los objetivos, los recursos con los que se cuenta, los resultados que debe obtener y con ello, implantar los indicadores de gestión necesarios que le faciliten a los encargados de esta actuación, una evaluación continua y real de la situación. Con una estructura de trabajo bien definida es mucho más fácil estudiar las posibles estrategias para conseguir ser mucho más eficientes y ya no solo en temas de gestión energética sino en toda la operativa de gestión de los inmuebles, activos y de los servicios que tenga bajo su control, es allí donde comienza a ser una actividad estratégica.

Antes de comenzar cualquier proyecto de eficiencia energética, siempre es necesario conocer cuál es la situación actual o punto de partida, conocer el histórico y picos de consumo y sus motivos y hacer una valoración objetiva de todas las instalaciones para conocer su estado, políticas y gamas de mantenimiento que se tengan ya sea como actividad propia o externalizada y con ello saber si están funcionando de forma eficiente, para que en caso de que no sea así, se puedan tomar medidas, no hay necesidad de meterse en grandes proyectos que puedan suponer un coste importante para la empresa y que puedan tener tasas de retorno (ROI) a mediano o largo plazo, que es, en muchos casos, la variable que tienen más en cuenta desde el departamento financiero, en muchas ocasiones, con tener la situación controlada y conocer donde puedan haber posibles fallos, es suficiente para comenzar a tomar medidas correctivas y comenzar a gestionar eficientemente, sin estos datos de partida, será como estar limpiando con el trapo sucio.

De ponernos a enumerar medidas para ser más sostenibles y gestionar mejor el gasto energético podríamos comenzar la lista y siendo creativos nos llevaríamos muchas sorpresas y tiempo, debemos tener claro que solo los edificios de oficinas consumen el 40% de la energía que se produce en Europa, es por este sentido que la Unión Europea viene desde hace unos años reglamentando la actividad de cara a que tanto el parque de edificios existente susceptible de ser rehabilitado y las nuevas edificaciones, cumplan con unos requerimientos mínimos que limiten de cierta forma el consumo energético y sean mucho más eficientes, pero lamentablemente todos estos Reglamentos y Reales Decretos no conllevan, o por lo menos en España, a reducciones impositivas ni beneficios directos por parte de los usuarios finales, no hay ningún tipo de subvenciones directas y en caso de haberlas es mediante Asociaciones profesionales que hacen uso de conocimientos de proyectos europeos para derivar fondos a este tipo de acciones.

Recientemente en España entro en vigor el Real Decreto 56/2016 mediante la trasposición de la directiva 2012/27 UE que obliga a grandes empresas o medianas empresas con ciertas características de tamaño, volumen de negocio y número de empleados a realizar auditorías energéticas cada cuatro años con el fin de determinar requerimientos que ayuden a dichas empresas en su actividad de eficiencia energética. Este Real Decreto estaba listo desde el verano de 2015, pero por las razones que fuese, no se publicó a tiempo y ello ocasionó un nuevo procedimiento sancionador por parte de la Comisión Europea por incumplir los plazos de trasposición.

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El cumplimiento de este Real Decreto se ha convertido en un proceso burocrático ya que nunca ha existido una estrategia empresarial que le permita alinearse con los objetivos de las organizaciones, no hace referencia ni entra a valorar procesos de mantenimiento, solo se busca cumplir con las acciones en fecha que viene por la repetida imposición de multas, no contempla un proceso de mejora continua y que se pretende monetizar el coste de la actividad y funcionamiento de instalaciones, así como el coste de desviaciones por defectos y lo que queda más en evidencia es la alta escala de multas a las que se exponen las empresas en caso de incumplimiento. En pocas palabras: se puede resumir como IMPROVISACIÓN y CONTROL. Solo es de utilidad si la gestión energética es un objetivo estratégico en la empresa.

El cumplimiento del RITE (Reglamento de Instalaciones Térmicas de Edificios) también se queda a medias ya que, aunque existen algunos aspectos positivos, entre los que están destinadas a atender la demanda de bienestar térmico e higiene a través de las instalaciones de calefacción, climatización y agua caliente sanitaria, para conseguir un uso racional de la energía, hay una gran desalineación entre lo que es el diseño, la operación y mantenimiento del inmueble, independientemente del uso y sector que pueda tener y solo aplica para inmuebles de nueva construcción o inmuebles que vayan a ser rehabilitados.

Tanto la operación como el mantenimiento, no se consideran en los conceptos de eficiencia energética, no se insiste en la necesidad de adoptar políticas de mantenimiento ni integrar estrategias de integración. Hay que mantener una continua gestión analítica de consumos y revisar posibles desviaciones para corregir fallos en su funcionamiento y optimizar en todo momento su rendimiento. La metodología BIM se percibe como una colección de buenas prácticas, mediante la implantación correcta del modelado de las instalaciones que se van a gestionar (BIM7 Facility Management), el Facility Manager tiene toda la información y planos reales para conseguir crear una estructura de mantenimiento predictivo, preventivo y correctivo y, además de maximizar la vida útil de los equipos, conseguir una mayor eficiencia de ellos y sus instalaciones.

Desde IFMA España consideramos clave trabajar en este tipo de acciones encaminadas a ser más eficientes tanto en los consumos energéticos como en proyectos de sostenibilidad, teniendo en cuenta el uso y disfrute de los usuarios finales mediante diferentes aspectos:

  • Una actuación sin coste que facilite actuar sobre la demanda.

  • Que los ahorros conseguidos puedan ser repercutidos en beneficio de los usuarios.

  • Formación sobre el uso y disfrute del activo.

  • Uso total de energías renovables en 2050.

  • Que los proveedores formen parte de las campañas de concienciación.

  • Comparar consumos con referencias cotidianas.

  • Crear grupos de trabajo para la búsqueda de nuevas alternativas de mejora de los consumos para hacerlas extensivas a la organización.

  • Adopción de buenas prácticas de otras organizaciones en la operativa diaria y luego de su correcto funcionamiento, incluirlas en los procesos internos.

  • Involucrar a la dirección en todos estos proyectos ya que si la directriz viene desde arriba, es mucho más fácil hacerla cumplir.

Hernando Gutierrez Angel
Gerente
IFMA España

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