La importancia de lo que no se ve

La contaminación atmosférica es un problema que nos afecta a todos. Según datos de la Unión Europea, cerca de 400.000 ciudadanos de los 27 estados miembro, mueren cada año de forma prematura debido a la mala calidad del aire que respiramos. Problemas cardiovasculares, cáncer, dificultad respiratoria, demencia e incluso hiperactividad en niños, son algunas de las patologías que se asocian a la contaminación. Vehículos, fábricas y calefacciones, son los principales emisores de dióxido de nitrógeno (NO2) y partículas en suspensión, procedentes de neumáticos y frenos.

¿Cómo nos afecta como ciudadanos el aire que respiramos? Normalmente, las empresas y centros de trabajo se encuentran situados en los núcleos de las ciudades. A pesar de contar con ventanas de aislamiento, la carbonilla se cuela por todas partes. Limpiar cualquier superficie, ya sea de mobiliario o el cristal de una ventana, se hace mucho más complicado por la grasa que se acumula precisamente, por las partículas contaminantes del aire que se precipitan sobre ella. Si tenemos en cuenta que pasamos el 90% de nuestro tiempo en interiores, y que compartimos el espacio con otras personas al menos durante 9 horas diarias, es lógico pensar que para conseguir una buena higiene y evitar ciertas patologías, no sólo hay que limpiar y desinfectar bien superficies y suelos, sino también, el aire. Un dato a tener en cuenta. El aire en los espacios cerrados está hasta 5 veces más contaminado que el de espacios abiertos.

Según un informe del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, en el ámbito de las condiciones laborales tiene cada vez mayor incidencia el aspecto relacionado con la calidad del aire, tanto en las de tipo industrial, como en oficinas y servicios generales.  En la actualidad se admite que aquellos ambientes que no disponen de ventilación natural y que están cerrados, para conseguir un mayor rendimiento del sistema de aire acondicionado, pueden ser áreas de exposición a contaminantes. Entre ellos se encuentran oficinas, edificios públicos, escuelas y guarderías, edificios comerciales e, incluso, residencias particulares.

La calidad del aire en el interior de un edificio depende de una serie de parámetros que incluyen la calidad del aire exterior, la compartimentación, el diseño del sistema de aire acondicionado, las condiciones en que este sistema trabaja y se revisa, y la presencia de fuentes contaminantes y su magnitud.

Evidentemente, el aire del interior de un edificio no debe contener contaminantes en concentraciones superiores a aquellas que pueden perjudicar la salud o causar disconfort a sus ocupantes. Estos contaminantes incluyen los que pueden estar presentes en el aire exterior que se introduce en el edificio y los originados por las actividades interiores, el mobiliario, los materiales de construcción, los recubrimientos de superficies y los tratamientos del aire. Las situaciones de riesgo más frecuentes para sus ocupantes son: la exposición a sustancias tóxicas, radioactivas e irritantes, la inducción de infecciones o alergias, las condiciones termométricas no confortables y los olores molestos.

 

cai2

 

La conclusión es clara. La limpieza y calidad del aire es fundamental para proteger nuestra salud. Pero a la vista de los datos, ¿Qué podemos hacer?

Por suerte, la tecnología avanza en base al conocimiento cada vez más profundo de la contaminación ambiental y sus efectos en las personas. En la actualidad existe la posibilidad de instalar filtros que ayudan a depurar el ambiente. Un siguiente paso han sido los purificadores que además de monitorizar el ambiente y purificarlo, son eficientes desde el punto de vista energético.

Para garantizar una mejora en la calidad del aire, es necesario instalar purificadores que trabajen filtrando en cuatro niveles. A nivel básico, recogiendo las partículas más grandes. Un segundo filtro de carbono, que absorba los olores y las sustancias químicas. Un filtro HEPA que capture partículas mucho más pequeñas, hasta el 99,97% de las que están en el ambiente y que incluya un tratamiento antimicrobiano para evitar el crecimiento de hongos y bacterias y, por último, un sistema de ionización bipolar con el objetivo de cargar eléctricamente las partículas más pequeñas para que cuando vuelvan a pasar por el circuito se queden en alguno de los filtros anteriores.

Según un estudio sobre absentismo en el centro de trabajo (2013 CBI), eliminar del ambiente las sustancias químicas que se encuentran en moquetas, mobiliario o dispositivos como impresoras; y virus como el de la gripe o el resfriado mejora la salud de los empleados y puede ahorrar a la empresa hasta 1.355 euros por trabajado al año. Suficientes motivos como para empezar a preocuparse también por lo que no se ve.

 

Amaya Romero
Responsable de marketing y comunicación
PHS Serkonten

 

Deja un comentario