Reverberación vs Limpieza en Oficinas

Una vez que los espacios en abierto (open space) en las oficinas ya llevan un cierto tiempo existiendo, se está poniendo en cuestión su utilidad.

Y uno de los aspectos que más se suele comentar es la incomodidad acústica de estos espacios.

A raíz de este debate, conviene hacer un análisis cruzado con otros elementos, para ver que no siempre unas medidas a tomar para solucionar un problema son buenas para otros problemas.

 

La reverberación no es lo mismo que el aislamiento acústico.

Solo para empezar, debemos tener claro que una cosa es hablar de aislamiento acústico, y otra de reverberación.

El aislamiento se refiere a cuando no se quiere que algo se oiga en algún punto.

Por ejemplo, si quieres que lo que se hable en una sala de reuniones no se oiga fuera, necesitas un buen aislamiento acústico para esa sala.

Sin embargo, la reverberación procede de la circulación de las ondas sonoras por el aire, libremente, actuando repetidas veces en un mismo espacio.

En los casos en que la reverberación es muy intensa, puede incluso escucharse el mismo sonido varias veces (entonces se le llama “eco”, y puedes decir una palabra, y escucharla en el aire varias veces perfectamente inteligible).

Pero la mayoría de las veces, en las oficinas y espacios de trabajo, la reverberación no llega a ser eco, sino una amplificación y retardo en la desaparición de los sonidos que se producen en esos espacios.

Es esa sensación de “jaleo” o “barullo” donde es imposible entenderse con nadie hablando con normalidad.

 

Existen elementos para el aislamiento acústico, y existen elementos para reducir la reverberación. Son distintos.

Si volvemos al ejemplo de la sala de reuniones que querías aislar acústicamente, utilizarás elementos como una tabiquería que aisle bastante, barreras fónicas sobre falso techo y bajo suelo técnico para evitar puentes acústicos, puertas que ajusten con el cerco y con el suelo lo suficiente (y esto es un mundo en sí mismo, pero aquí solo lo mencionaremos), evitarás puentes acústicos en encuentros con fachadas, o por pasos de instalaciones a través de la sala, etc.

Con todo ello, no olvidemos, lo que vas a conseguir es que el sonido no pase de la sala al exterior, y viceversa: aislamiento.

Pero si pensamos en un gran espacio de open space en una oficina, como pasa en muchos Call-centers, por ejemplo, los mecanismos que se buscan no van a servirte para el aislamiento.

¿Esperas que en un Call-center, el operario de una mesa esté acústicamente aislado del de al lado?

Si eso es así, ve pensando en poner un despacho a cada persona, o una cabina, o sistemas de ruido blanco (aún en fases experimentales), auriculares con cancelación activa de ruido… y a ver hasta dónde llegas en los resultados.

Pero no, el problema de los espacios en abierto en las oficinas es la reverberación, que hace que las palabras de las personas que están hablando allí se vayan entrelazando en el ambiente, y llegue a ser muy difícil entenderse con nadie en una conversación.

Y como el problema es otro, también los elementos constructivos que buscan arreglar el problema, son otros.

Lo más común es usar paneles acústicos, alfombras, revestimientos en paredes y techos, y elementos superpuestos con esa intención específica.

Queda entendido, por tanto, que si tienes un problema de aislamiento acústico, colocar unos paneles fonoabsorbentes en las paredes o sobre las mesas no te va a solucionar tu problema.

 

Los materiales fonoabsorbentes requieren de discontinuidad.

¿Cómo se reduce la reverberación?

Con elementos que hagan rebotar las ondas del sonido muchas veces, desgastando su energía en cada rebote.

Es fácil pensar en un espacio conformado con materiales de acabado liso, en los que las simples pisadas se oyen reverberando sobre un suelo (por ejemplo) de mármol.

Sin embargo, si el suelo, en lugar de ser de mármol, es de moqueta o de algún tejido entrelazado, resulta que las pisadas ya se oyen menos, y sobre todo, la reverberación se atenúa muchísimo, hasta el punto de desaparecer.

Los tejidos dejan pequeños espacios entre las fibras que permiten la entrada de las ondas sonoras, y una vez alli, rebotar contra las fibras y perder energía.

Por eso las telas y tejidos son tan utilizados cuando se quiere solucionar un problema de reverberación.

El mismo espacio de acabados lisos, tiene menos reverberación si se llena de personas (ya que el tejido de las vestimentas actúa de atenuante), que si el espacio esta vacío y lo cruza andando una sola persona.

Los espacios que, dada su función, tienen que prestar mucha atención al sonido (los teatros, por ejemplo), suelen tener muchas telas y tejidos.

Piensa en las butacas de un teatro, y probablemente te venga a la mente la imagen de asientos siempre revestidos con algun tipo de tela o de tejido.

Del mismo modo, los paneles que recubren techos y paredes se llenan de orificios, se graban dibujos o figuras, se fresan con acanaladuras… todo ello para que no quede un paño de madera o de metal liso, pues podría producir reverberación.

 

La facilidad de limpieza se basa en la continuidad de los materiales y en su resistencia química.

¿Por qué en los aseos de los hospitales los rodapiés tienen forma redondeada en su encuentro con el suelo?

¿Por qué en los aseos de los hospitales los rodapiés son una pieza de PVC continua que se suelda con el pavimento y/o el PVC de la pared?

Para evitar juntas, para evitar ángulos, etc.

Se busca la continuidad del material.

Las cocinas industriales tienen el suelo en pendiente, con sumideros similares a las alcantarillas de las calles, para poder limpiar el suelo y aclararlo incluso con una manguera.

Las encimeras de cocinas y aseos son de PVC, cerámica, cuarzo prensado, acero inoxidable, vidrio… todos ellos materiales continuos.

¿Dónde puedes encontrar moho?

En las juntas de los azulejos, de las baldosas del suelo, en los rincones, en los encuentros de paredes con techo y suelo…

Y es porque ahí no entra bien la fregona, la escoba o el aspirador, proliferando los microorganismos propios de la suciedad.

Pero, además, está el tema de la resistencia química.

Todos estos materiales que estamos mencionando se pueden limpiar con algún tipo de limpiador químico, como pueda ser la lejía o algún otro.

Si instalas materiales que no resisten la acción química de los limpiadores en aseos, cocinas, etc., es un error en el proyecto, pues puede quedar muy bonito para una fotografía, pero quien use esos espacios podrá caer enfermo/a con total facilidad.

 

Entonces, reverberación y limpieza…

Como hemos visto, los requerimientos de los materiales que evitan la reverberación y los materiales fáciles de limpiar son diferentes, e incompatibles en un gran porcentaje.

Pensar en limpiar las butacas de un auditorio con su tela roja (por poner un ejemplo arquetípico) con lejía, es pensar en que vas a tener que reponer todos los tapizados en unos días, porque no lo resisten..

Los paneles acústicos que se basan en microperforaciones en la superficie del panel, no pueden limpiarse deprisa, porque hay que ir dejando (o empujando) al agente limpiador para que entre en los orificios, y después, hay que quitar el agente limpiador, porque si no, la suciedad seguirá ahí.

En el caso de las mesas de las oficinas, los tableros suelen ser de melamina o de vidrio, fáciles de limpiar incluso con un paño húmedo por el personal de limpieza, de manera rápida y con la frecuencia que se pacte.

Pero los tableros de las mesas, lisos, provocan reverberación en los espacios, por lo que es muy habitual que se coloquen paneles separadores perforados o tapizados, para contrarrestarla.

Se vuelve a dar la dicotomía liso-tejido, fácil-no tal fácil de limpiar.

 

Hay que decidir.

Como hemos visto, si tu preocupación principal es que el espacio sea fácil de limpiar, los materiales que te vienen bien tienen tendencia a la reverberación.

Y si tu preocupación principal es la reverberación, los materiales y las formas que te van a venir bien no favorecen una limpieza tan fácil.

Llegados a este punto…

…¿Qué hacer?

Pues hay que decidir, y habitualmente se suele establecer un punto intermedio entre ambos mundos.

Por una parte, hay que ser consecuente, y saber qué se está eligiendo.

Si eres office manager o facility manager de una empresa, y la Dirección te pide que soluciones un problema de reverberación, es probable que, pasado un tiempo, te reclamen acerca de la limpieza.

Pero lo tienes que saber, y ser coherente, entre otras cosas, para poder responder en el momento de las quejas.

Por otra parte, siempre viene bien analizar, pensar y buscar soluciones que no tengan que entorpecer el funcionamiento de la oficina.

Por ejemplo, lo más probable es que tu preocupación en los aseos se centre más en la limpieza que en la reverberación, por lo que tenderás claramente hacia materiales que se puedan limpiar y desinfectar, y a formas continuas que permitan la llegada de los productos desinfectantes a cualquier punto.

En espacios de cafetería, por ejemplo, es bastante común que, en la zona de mesas (que es donde las personas hablan y la reverberación puede molestar), aquello que está en contacto directo con las personas (las mesas, las sillas, el suelo, las encimeras…) sean de materiales fáciles de limpiar, y que los materiales y formas para atenuar la reverberación se sitúen en el techo, donde las personas no tocan, y donde la limpieza puede hacerse de manera más relajada, precisamente porque no está en contacto directo con los usuarios (al menos, no tanto como las mesas, las sillas, el suelo, las encimeras.).

Si te fijas, o haces memoria visual, te será fácil pensar en espacios de comedor con suelos lisos (de PVC, de tarima, de microcemento…), mesas con acabados metálicos o plásticos, sillas que no están tapizadas (pueden tener cojines, pero postizos, que se lavan en la lavadora, sin la silla)… y si levantas la mirada al techo, encontrarás lamas, descuelgues, placas microperforadas, ondulaciones… y todo tipo de mecanismos pensados para reducir la reverberación del sonido procedente de las conversaciones de los comensales.

En estos espacios, la limpieza de las mesas, las sillas y el suelo es casi constante (cada vez que se cambia de comensales, cada vez que cae comida o bebida al suelo, etc.), mientras que la limpieza del techo se organiza cada más tiempo, y es más difícil.

 

El espacio de oficina es difícil.

Puedes estar pensando “vale, Eduardo, en los aseos está claro que prima la facilidad de limpieza, en los auditorios prima la acústica, y en los comedores se puede dividir el espacio en dos “mundos” (techo por un lado, suelos, mesas, sillas y encimeras por otro) en cada uno de los cuales prima una cosa o la otra, pero ¿y en las oficinas, qué pasa?“.

Tienes razón, en las oficinas no está tan claro.

Y tanto es así que ha de analizarse individualmente cada caso, pues las necesidades y los problemas de cada oficina son específicos de cada una, no es factible generalizar.

¿Se generaliza?

Sí, ya lo sabes.

Hubo una época en la que en todas las oficinas se instalaba suelo de moqueta, sí o sí, y no había lugar a otras opciones.

Después, se empezó a especular con la presencia de ácaros o la dificultad de limpiar los suelos de moqueta (no entremos en esta discusión ahora, pues es bastante compleja y la respuesta no es directa), y se pasó a poner suelos de PVC y cerámicos.

Después se empezó a protestar porque los suelos duros y continuos acentuaban mucho el sonido de las pisadas y favorecían la reverberación…

¿Entonces, qué suelo hay que poner en una oficina?

Pues depende de cada caso individual, no se debe generalizar.

Lo que ya tienes claro es que es muy probable que centrarte en arreglar un problema te acentúe el otro.

Es como el caso común de proponer un felpudo a la entrada de la oficina, que es frecuentemente rechazado por no parecer muy estético, y después la queja es que el suelo de la oficina está siempre lleno de barro y de marcas de pisadas, que se evitan o reducen poniendo un felpudo en la entrada.

En cualquier caso, espero haber arrojado algo de luz acerca de este asunto que tantas veces se confunde y cuyas medidas que intentan ser correctoras, en ocasiones no lo son tanto por un error de concepto.

Un saludo.

 

Eduardo Arazola Martínez

Consultor Workplace

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